El Cerro Pitura (San José)

En la cumbre del Cerro Pitura existen restos de construcciones antiguas. Parece que los primitivos pacasmayinos tenían allí un puesto de vigilancía. También se ven esparcidos restos de cerámica de fabricación rústica y piedras negras de origen volcánico.

Se dice que en tiempos antiguos, frente al Cerro, el río Jequetepeque se dividía en dos ramas. Al brazo del norte le llamaban AÑI, y al del Sur, Jequetepeque. En 1818 se produjo un aluvión que redujo a un solo ramal. Muy cerca al Cerro esta la “Boca Toma” de la acequía de San Pedro de Lloc. Además el Cerro es la Línea divisoria entre las provincias de Contumazá y Pacasmayo.

Leyendas

La gente dice: “…que el Cerro toma el “ánima”, que allí los diablos tocan sus tambores, que allí se ha encantado un tren. Que allí en ciertas noches se abren unas ventanas y se ven trabajando a unos “gringos”, etc. etc…” Después de oir estos y otros fascinantes relatos sobre el Cerro Pitura, unas seis personas fuímos a descubrir esos misterios. El 2 de setiembre de 1972, llegamos al pie del famoso Cerro. Lástimosamente la expedición no tuvo éxito, solamente tres integrantes del grupo lograron escalar y llegar a la cumbre del Cerro, los hermanos Polo Wood, el resto no pudímos a causa de uno del grupo que tuvo una alteración emocional en la que peligraba su vida, por tal motivo tuvímos que desistir de subir a la cumbre.

El Tren Encantado

“…cuando las cosas están para suceder, suceden …” Dicen que ese día el señor maquinista estaba muy afanado por regresar a Pacasmayo. El tren estaba lleno de carga y además tenía muchos pasajeros, todos prósperos comerciantes de la región. A la hora indicaba salió el tren de Chilete hacia Pacasmayo. Todo el camino se le oía hacer fuertes y prolongadas pitadas.

Testigos de aquella tragedia dicen que a unos kilometros antes de llegar al Cerro se oyeron las últimas pitadas. Era ya de noche, el tren venía a mucha velocidad y con esa fuerza se introdujo al Cerro en donde se ha encantado. Muchos lo han visto salir en ciertas noches, pero de inmediato regresa al Cerro.

Los Tambores del Diablo

Doña Margarita Pérez, nació y vivió por muchos años en la hacienda Tecapa, vecina al Cerro. Dice: “… todo el tiempo que fuí a trabajar a las chacras de la Hacienda, oía a las doce en punto sonar los tambores y clarines. Lo oía muy claro y armonioso que a veces hasta me provocaba sacar el pañuelo y bailar. En estos últimos tiempos ya no se les oye, solo de vez en cuando…”

Le preguntamos a doña Margarita, ¿Quiénes piensa que tocan los tambores? Responde: “…pensamos que son los diablos que a esa hora se reunen para bailar de alegría de haber hecho daño a la gente…”

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